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¿Y dónde está el IFE?

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Capital Digital redessociales@capitalmedia.mx
Hace 9 meses
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Muchas cosas han venido ocurriendo en las últimas semanas en torno de las llamadas precampañas o procesos internos de los partidos políticos, para determinar quiénes serán sus candidatos y candidatas a los diferentes cargos de elección popular que se estarán compitiendo en los meses venideros en todo el territorio nacional. Hasta ahora las cosas anticipan que el proceso electoral será un verdadero infierno para los ciudadanos si la autoridad electoral no se faja los pantalones y asume su papel de garante de la democracia.

Las diatribas entre tirios y troyanos, e incluso los excesos de los gobernantes locales para someter a sus designios a los adversarios, representan un peligro latente por las posibles consecuencias que se provocarán en el caso de que se desborde la violencia en las calles de ciudades y poblaciones. Por mucho que no lo quieran aceptar la culpa la tendrán que asumir los partidos políticos y sus candidatos por enrarecer el ambiente mucho antes de iniciar de manera formal el proceso electoral.

Lo grave es que siendo la Ciudad de México el mayor bastión para el Movimiento de Regeneración Nacional sus principales dirigentes pretendan seguir con su escalada de provocaciones para evitar que sus principales adversarios, los perredistas aliados con los panistas, les minen los territorios que han logrado consolidar con el activismo de los principales liderazgos que acompañan en esta empresa al señor Andres Manuel López Obrador.

Las luchas por el poder siempre han sido crudas y hasta sangrientas. Así lo registran los hechos lamentables de la historia de la democracia, y los directamente culpables siempre son los representantes de las autoridades por su omisión en la imposición del orden público, incluso con el utilizamiento de la fuerza pública. Claro está que la respuesta inmediata del discurso de los liderazgos en pugna siempre caminará en torno de la supresión de las presuntas libertades.

A eso le temen siempre los encargados de resguardar el orden público, pero también hay que señalar que su deber es garantizar el orden aun a costa de las diatribas que les endilguen los involucrados. Para mantener el orden de un país ante una eminente descomposición social se requiere decisión, aplicación enérgica y estricta de la ley y, en su caso, la consignación de los responsables ante los juzgadores para que respondan por sus actos.

Pero también la autoridad electoral tiene que hacer su parte, porque la ley permite al Consejo General del Instituto Federal Electoral hacer un llamado a mantenerse dentro de los márgenes de la ley y a utilizar, en su caso, los mecanismos de fuerza del Estado mexicano para hacer valer la legalidad. De ahí la pregunta que muchos nos hacemos: ¿Y dónde está la autoridad electoral? ¿Por qué frente a los evidentes sucesos que están ocurriendo siguen siendo omisos? Ojalá recuerden Lorenzo Córdova Vianello y camarilla que cuando asumieron el encargo juraron guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanan, y también tendrán que responder por sus actos. Al tiempo.

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