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Sheinbaum: Rébsamen o cómo gobernar sin moral es corrupción

Capital Digital
Capital Digital redessociales@capitalmedia.mx
Hace 2 meses
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La candidatura de Claudia Sheinbaum por Morena a la jefatura de gobierno de Ciudad de México (CDMX) se presenta como un microcosmos del estilo de ejercicio del poder de Andrés Manuel López Obrador: el derrumbe del Colegio Rébsamen por los terremotos de septiembre mostró el rostro descarnado de la corrupción en la Delegación Tlalpan que presidía Sheinbaum.

La candidatura de Sheinbaum es, así, una lección de política de la nueva mafia de poder que construye López Obrador en Morena. Octavio Paz fijó la tesis de que la corrupción era producto de la patrimonialización del Estado o Estado patrimonialista propiedad de unos cuántos. Y Morena perfeccionó el patrimonialismo priista.

Como las principales candidaturas morenistas, la de Sheinbaum fue producto de un dedazo directo de López Obrador, a imagen y semejanza absoluta de los estilos de la “mafia del poder” priista. Tan sus estilos son priistas, que Ricardo Monreal Ávila, mejor posicionado en encuestas que Sheinbaum, aceptó con sumisión el veredicto del caudillo morenista a la espera –como en el PRI– de posiciones de poder que sobren.

Sheinbaum se enfilaba a la candidatura capitalina porque era la que más directamente representaba los intereses empresariales de las constructoras beneficiados por las obras de los segundos pisos en el gobierno lopezobradorista 2000-2005. Sin embargo, se le atravesaron los terremotos y, sobre todo, las responsabilidades de su oficina delegacional en los permisos corruptos del Colegio Rébsamen, cuyo desplome por los terremotos aplastó a casi treinta niños, profesores y empleados de la escuela.

La responsabilidad del gobierno delegacional de Sheinbaum en esa crisis se percibió cuando la delegada ordenó mantener a resguardo secreto los documentos que pudieran incriminar a altos funcionarios de Tlalpan en permisos de construcciones sin cumplir con los requisitos técnicos.

Con la carga moral de los muertos, la responsabilidad oficial de presuntos casos de corrupción y ocultando documentos necesarios para deslindar culpas, Sheinbaum se enfila hacia el gobierno capitalino. Más que su responsabilidad moral que debiera marginarla de cualquier cargo hasta que una comisión independiente verifique culpas o inocencias, a Sheinbaum sólo le interesa contar con el apoyo directo de López Obrador.

Los documentos y contratos a empresas constructoras –muchas de ellas en el bloque empresarial con López Obrador y con la propia candidata– que participaron en los segundos pisos también están ocultas bajo argumentos amañados, como una forma de alejar la observación ciudadana a los pagos y costos reales.

Aunque Sheinbaum puso a secreto oficial los documentos del Rébsamen, el Instituto de Información de CDMX autorizó la consulta por parte de cualquier ciudadano. Ahora podrían salir a la luz pública los permisos para construir sin contar con periciales necesarios. Esos documentos, inclusive, podrían ser importantes para fincar responsabilidades sociales, ciudadanas, públicas y penales contra funcionarios de la delegación Tlalpan que avalaron las autorizaciones, comenzando con la responsabilidad general de la delegada Sheinbaum.

Lo que viene ya es conocido; en virtud de su función de dictaminar culpabilidades e inocencias, López Obrador va a regañar a los que piden una investigación a fondo sobre el derrumbe del Rébsamen y el fincamiento de responsabilidades penales contra los funcionarios encargados. Y los que acusen a la candidata Sheinbaum, serán colocados en el cajón de la mafia del poder institucional, donde López Obrador pone a sus adversarios, críticos o simples ciudadanos exigentes de responsabilidades.

Política para dummies: La política es la habilidad para decidir sobre los peores escenarios posibles, con el fin de que cuando lleguen los positivos las expectativas sean mejores.

http://indicadorpolitico.mx
carlosramirezh@hotmail.com
@carlosramirezh

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