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Miércoles 20 de Febrero 2019

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POR SENTIDO COMÚN: De Apulco a Teotihuacán, la vida en un hilo

Foto Capital Media
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22 de Marzo 2016
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Son muchos los motivos que todos tenemos para mantener la guardia arriba; sobran, diría yo, las razones para ir siempre hacia adelante.

Salimos a las 5 de la mañana, por favor, no te desveles”, me dijeron el domingo por la noche Oksana y Sarahy, dos de los motivos que me obligan a enfrentar con entusiasmo los retos de cada día.

Procuré, hasta donde fue posible, cumplir con su petición, admito que casi lo logro, de no ser por el hábito de revisar, hasta que concluye el día, las incidencias de los últimos minutos a través de las páginas electrónicas que dan cuenta de lo que ocurre y de lo que se rumora.

Pero cumplí, minutos antes de las 5 de la mañana ya estaba listo para atender el compromiso, Sarahy y Oksana, mis hijas, habrían apartado un espacio para hacer lo que hace más de 20 años documenté para televisión desde Apulco, una hacienda enclavada en el municipio de Metepec que colinda con Agua Blanca.

Tábano era el segundo proyecto del capitán Cortez, un hombre empecinado en despegar los pies de la tierra y, de vez en vez, regresar a ella para medir con humildad el tamaño de nuestra pequeñez, por eso es que, con valor, se convirtió en pionero de la fabricación y vuelo en globos aerostáticos que, con el tiempo, daría un valioso “plus” a la industria sin chimeneas hidalguense.

Pero regreso a los motivos de mi vida, la mañana de este lunes (ayer) al filo de las 6 horas, llegamos al globopuerto y, más allá de pensar en los riesgos, me dejé llevar por la necesidad de atrapar lo que tal vez no vuelva a repetirse.

Apenas caminamos y la cámara permanecía activa, click y de nuevo click, me olvidé del riesgo, pese a que una noche antes, les habría advertido que, las condiciones para volar en globo no eran las más adecuadas.

Hacer fila, saltar al interior de la canastilla, ver cómo iniciaba el vuelo y capturar las imágenes desde las alturas, así se fueron los minutos; el riesgo habría pasado a un término sin relevancia y, mientras capturaba imágenes, esperaba paciente y con ansias el descenso del globo, como las decenas que se elevaron sobre el cielo de Teotihuacán.

Lejos del sitio del que despegó, la nave aterrizó, por fortuna sin problemas, muy cerca de las nopaleras, cuando el viento, me confiaron, era imperceptible, pero técnicamente peligroso.

Minutos después, vía electrónica, me enteré de la desgracia, dos personas calcinadas tras la caída de un globo aerostático en la región de Tulancingo, en la comunidad de El Yolo, que pertenece al municipio de Acatlán.

Y mientras “caían” los datos del terrible accidente, pude comprender que sobran motivos, no sólo para ir hacia adelante, sino para agradecer a la vida, al creador, por el hecho de estar de pie.

Diría Silvio Rodriguez, “coincidencias raras de la vida, tantos cielos, tanto mundo, tanto espacio y coincidir”.

 

 

 

JAMM

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