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Lunes 10 de Diciembre 2018

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La advertencia

Foto Capital Media
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12 de Marzo 2018
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La Coyuntura/ Por. Vladimir Galeana

Sin lugar a dudas la mayor parte de la agenda política de este país, hasta ahora, la sigue marcando Andrés Manuel López Obrador.

En nuestro devenir como entes sociales la obsesión por el poder ha marcado el rumbo del género humano, y podemos afirmar que todo, o casi todo, gira en torno de los intereses de quienes detentan los liderazgos sociales y en mayor medida los liderazgos gubernamentales. Aunque también debemos señalar que las sociedades más avanzadas son las que mejor determinan las tareas que deben desarrollar los hombres y mujeres en el gobierno.

Una de las mayores desgracias de este país es que nunca hayamos logrado modificar nuestra forma de gobierno, y esa voluntad unipersonal de quien detenta temporalmente la Presidencia de la República sigue siendo el principal motivo de nuestros mayores males y por consecuencia de nuestra desigualdad social. En los regímenes más avanzados la colectivización de las decisiones es garantía para la protección de los intereses sociales y la forma más efectiva de la inclusión de todos los sectores en la toma de decisiones.

Pero también existe otro motivo que debemos asumir como parte de nuestras desgracias, y es que esa maldita corrupción sigue siendo el principal atractivo en este país para que los hombres y las mujeres decidan abrazar una carrera pública, y no el servicio a los demás. Este fue uno de los temas centrales de la pasarela de presidenciables que se organizó en Acapulco con la celebración de la octagésima primera Convención Nacional Bancaria, donde hubo dos sucesos que marcaron la pauta entre los presidenciables: la pulcra exposición del candidato independiente Armando Ríos Piter y la amenaza de Andrés Manuel López Obrador.

Siendo la corrupción el tema central, el eterno candidato aprovechó el foro para dejar en claro que todos son corruptos menos él, aunque nunca haya realizado una declaración de impuestos, aunque haya dispuesto de cerca de veinte mil millones de pesos de dinero público en su trayectoria política, y escondido el precio y la forma en que se construyeron las faraónicas obras de los segundos pisos cuando fue jefe de Gobierno en la Ciudad de México, y los grandes negocios inmobiliarios que produjo su publicación del llamado Bando 2.

Pero dejando de lado su obscura cercanía con una de las más poderosas bandas de corrupción que se hayan construido en la capital de la República, Andrés Manuel López Obrador prometió que de ganar la Presidencia de la República enviaría una iniciativa para que se pueda juzgar al Presidente por delitos de corrupción, lo que desde luego no ocurrirá porque sería tanto como darse un balazo en el pie, ya que existen actos de corrupción en los que ha participado y que no han prescrito.

Lo más grave, y me parece una burda forma de realizar una advertencia, es que aseguró que si pierde se irá a vivir a Palenque, en Chiapas, pero si hay fraude, no será él quien amarre al tigre. En las dos elecciones pasadas su principal alegato para justificar su derrota fue el fraude, y desde ahora podemos anticipar que habrá secuelas electorales graves a causa de su obsesivo empecinamiento de hacerse con el poder si gana cualquiera de sus adversarios. Desde ahora los mexicanos podemos darnos por advertidos, y el peligro para todos puede ser esa espiral de violencia que irresponsablemente anticipa. Al tiempo.

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