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Opinion / 

AMLO-Morena: más de lo mismo, bueno, un poco menos pero igual

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Capital Digital redessociales@capitalmedia.mx
Hace 2 meses
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Por Carlos Ramírez

1.- Las posibilidades de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador dependen de su habilidad para administrar en Morena sus nuevas bases licuadas de todos los grupos y personas que ya no encontraron en el sistema político priista lo necesario para sus ambiciones personales.

2.- Por tanto, su propuesta no es reformista, ni revolucionaria, ni histórica, ni diseñadora de un nuevo proyecto de nación diferente al del tercer movimiento revolucionario nacional: la Revolución Mexicana. En la realidad, es neopopulista.

3.- La propuesta de López Obrador es, paradójicamente por estar sustentada en una alianza neopopulista, apenas eficientista; se trata de que las cosas como están en el actual sistema económico/político/social simplemente funcionen. Por eso centró el eje de su modelo en la lucha contra la corrupción, pero no porque los mexicanos la hayan definido o exigido –los morenistas le entraron hace tiempo a la corrupción–, sino porque la corrupción ha distorsionado el funcionamiento eficiente del aparato público.

4.- En este sentido, tampoco es pospopulista; carece de voluntad, fuerza y aparato institucional para construir un nuevo modelo de relaciones sociales de producción. Como llegó a la presidencia por el voto de los marginados, entonces a ellos les deberá la esencia de su gobierno y su asistencialismo como control de la protesta social.

5.- El responsable directo de la derrota abrumadora del PRI no sólo por porcentaje electoral sino porque fue desplazado de los equilibrios políticos y quedó anulado como partido-sistema, fue el presidente Enrique Peña Nieto. Su modelo de sucesión presidencial quiso reconstruir el viejo presidencialismo obregonista –su tesis El presidencialismo de Alvaro Obregón–: dedazo, tapado, control de la campaña por el grupo peñista –Luis Videgaray, Enrique Ochoa, Aurelio Nuño–, supeditación al presidente saliente, apropiación de las candidaturas legislativas, uso de la política social y cero autonomía al PRI.

6.- El presidente Peña careció de una lectura estratégica del escenario electoral y se negó a una jugada audaz: apostar su resto a una alianza MeadeAnaya con un programa de reforma de sistema/régimen/Estado y, de paso, la quema de alguna figura contaminada por la corrupción, sobre todo del gran escándalo que se conoce como la estafa maestra.

7.- Pero nada. El presidente Peña operó la sucesión de 2018 como Obregón la de 1928: para sí mismo; el trasfondo de la reelección directa antes e indirecta hoy.

López Obrador, en cambio supo leer entre líneas el proceso peñista y uno a uno fue desmontando sus puntos clave.

8.- López Obrador entendió el hartazgo social contra el PRI, el sistema priista y Peña Nieto. Por eso no importó que fuera sumando en Morena la larga lista de autoexiliados del PRI y del gobierno y de la oposición, no contó la pesada carga de corruptelas en las espaldas de cada neomorenista; el problema será ahora reconstruir el sistema viejo con los que lo destruyeron.

9.- El destino del PRI es un dilema: dejarlo en manos de Peña y terminar de hundirlo o encontrar un liderazgo de reserva sin Peña que cuando menos evite el naufragio total.

10.- Y el principal desafío de López Obrador estará en encontrar su sistema político para la administración del poder sin repetir la crisis priista 1983-2018.

Política para dummies: La política es el territorio de las estrategias de poder, no el reino mágico de Oz.

Si yo fuera Maquiavelo: “Un príncipe nuevo a menudo, para conservarse en el poder, se ve arrastrado a obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión”.

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