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Jueves 18 de Julio 2019

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En riesgo, el empleo de 200 pepenadores en el Huixmí

Edén Torres Foto Capital Media
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29 de Mayo 2017
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La vida útil del tiradero se tiene prevista hasta el 30 de junio próximo

Alrededor de 200 pepenadores se quedarían sin trabajo si el relleno sanitario de El Huixmí cierra.

“La basura es nuestra fuente de vida”, afirmó Juan Carlos Reséndiz Martínez, quien trabaja 11 horas diarias en este lugar, jornada por la cual obtiene un ingreso de entre 200 y 500 pesos diarios.

Según las autoridades del municipio de Pachuca, el relleno tiene una vida útil hasta los últimos días de junio, aproximadamente, por lo cual buscan opciones para destinar los desperdicios; una de ellas es interrumpir el depósito de los desechos en este relleno.

Juan Carlos, pepenador desde hace 15 años, lamentó este hecho, pues se quedaría sin su fuente de empleo: “la mayoría de mi vida he trabajado en esto y dependo de esto, porque en otro lado no puedo encontrar trabajo, aquí tengo la posibilidad de obtener mi sustento”.

Agregó que si se cierra el relleno, no sólo se afectaría a 200 personas, sino a 200 familias, pues cada uno de los trabajadores es cabeza de familia, además de que también se verían perjudicados los choferes de las unidades de recolección, que son particulares.

Regidores del ayuntamiento han señalado que si se clausura el relleno, los pepenadores serían considerados ante cualquier escenario que se tenga para atender el servicio de recolección y disposición de los desechos.

En este escenario, Carlos Reséndiz dijo estar dispuesto a trabajar donde se le indique, “porque de otro modo no tiene uno estudio y no le dan a uno trabajo tan fácilmente”. Originario de Pachuca, Juan Carlos tiene años trabajando como pepenador en los rellenos sanitarios que ha tenido el municipio; sin embargo, tiene cinco años en éste de El Huixmí, donde los aproximadamente 200 pepenadores se dividen para trabajar en tres turnos.

El primero inicia a las cinco de la mañana y termina a las cuatro de la tarde, el segundo es de nueve de la mañana a siete de la tarde, y el tercero y último es de siete de la noche a siete de la mañana.

Relató que su labor consiste en buscar materiales como plástico, hule, vidrio, aluminio, cartón y fierro, entre otros, los cuales después lleva a vender a los depósitos donde se reciclan estos materiales.

Explicó que para trabajar de manera más ordenada, por turnos se hace un rol con los camiones que llegan a tirar la basura, para que no haya discusiones de quién busca en qué tipo de basura.

Se hacen grupos de seis personas para buscar en todo el contenido de un camión, sin importar de dónde provengan los desechos; ya que entre pepenadores saben reconocer en qué basura puede haber más materiales para reciclar.

“Luego se ve cuando es basura limpia”, refirió, que es la proveniente de fraccionamientos o de privadas, y ahí hay más material, porque vienen restos “de tiendas grandes como Liverpool o Aurrera” y no está seleccionada.

Sin embargo, comentó que en los desperdicios de colonias “normales”, las mismas personas tienen la costumbre de separar cartón o plástico, por lo que es más difícil encontrar materiales para reciclar, “y traiga o no traiga, es la suerte; mañana me recompensaré”.

Con cuatro hijos y una esposa qué mantener, Juan Carlos se levanta cada mañana después de 4:30 de la mañana para preparar su unidad, sus costales y trasladarse hasta el basurero para comenzar con su trabajo, el cual, asegura, no le da asco.

No obstante, reconoció que cuando inició a trabajar, sí tenía miedo y asco, pero se le quitó con el tiempo, además, aseguró que nunca se ha enfermado por motivo de su trabajo, sino, por el contrario, dijo: “crea uno su propio antivirus”.

Entre las cosas que ha encontrado, hay desde fetos hasta dinero en efectivo, “aquí hay de todo”.

Relató que la cantidad más alta que se ha encontrado son dos mil pesos, pero en ocasiones han acudido personas porque en su basura se han ido cantidades mayores, “hasta ofrecen propina a quien lo encuentre, yo nunca he encontrado más, no sé los compañeros”.

En tanto llega la fecha de vencimiento de esta celda del relleno de

El Huixmí, programada para el 30 de junio próximo, los pepenadores continúan con su labor, sin pagar cuotas a ningún líder, según afirmó el secretario de Servicios Municipales, Joaquín Valdez.

Sin embargo, Juan Carlos no quiso hablar de esos temas, pues en semanas pasadas ha sido testigo de diversos enfrentamientos con los trabajadores por la exigencia de cuotas por su desempeño.

Con 31 años de edad, Juan Reséndiz, que es jefe de uno de los grupos de trabajo de este relleno, continúa su labor en este espacio para mantener a su familia, con la incertidumbre de qué pasará cuando la vida útil de esta celda llegue a su fin, pues la presidenta municipal, Yolanda Tellería, ya perfila las discusiones en el cabildo para para perfilar el próximo destino de los desechos en el municipio.

La alcaldesa sostuvo que el municipio gasta cinco millones de pesos mensuales en la recolección de basua en la capital hidalguense, es decir, unos 600 pesos por cada tonelada de las 350 producidas al día.

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